Salimos del vestuario y nos
encontramos en la penumbra de los baños árabes. La música chillout, con aires
árabes y flamencos nos envuelven casi
sin quererlo, transportándonos a un
mundo fuera del real, en el que el resto deja de existir.
Mi primera elección es la piscina
de agua salada. 36º nos han dicho al entrar. Es una sensación única. Cómo
introducirse en la bañera de casa pero mejor. Bajo lentamente las escalera
mientras poco a poco el agua cubre mi cuerpo. Me siento con cuidado y apoyo mi
cabeza contra el borde, observo maravillada la arquitectura de la sala, seguro
en su día fueron una termas romanas, ahora reconvertidas en baños árabes para
nuestro deleite. Cierro los ojos
encantada y maravillada de sentir como mis músculos se relajan paulatinamente,
y a medida que eso ocurre siento mi cuerpo liviano como una pluma, flotando
sobre el agua salada de la piscina, envuelta en la calidez y el sonido dejo de
ser materia para convertirme en espíritu, abandonando mi envoltura material y elevándome
hacia el techo.
Observo desde arriba mi cuerpo,
siento vértigo por un instante en el que estoy a punto de caer, pero entonces
las veo. A ellas, que al igual que yo, intentando entender, reconfortadas por
estar juntas, por compartir ese momento en que transcendemos más allá de
nosotras, sintiendo una presencia poderosa y turbadora que nos empuja hacia
arriba, dejando atrás los baños, volando unas al lado de las otras, e
impulsadas por un guía invisible, atravesamos
la ciudad hasta llegar al mar, y allí, impelidas por esa energía poderosa nos
sumergimos en el bello mar azul y profundo, cálido y frío al mismo tiempo, llenándonos
de nueva vida, renovando nuestra energía con la suya. Fundiéndonos y por un
instante, siendo una sola con el mar...
A lo lejos, un débil ruido empezó a llamar nuestra atención.
Al principio no prestamos atención, pero su intensidad fue aumentando hasta
hacerse insoportable... Y entonces una voz se abrió paso entre el sonido
estridente de la campana:
- Disculpad, es hora de que salgáis, ya ha
pasado el tiempo.
Triste vuelta a la realidad. Nos
miramos unas a otras, sonriendo resignadas, saliendo de los baños hacia los
vestuarios, prometiéndonos que en cuánto podamos repetiremos la experiencia…
©derechos reservados Guthwine (Carmen)
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