jueves, 16 de agosto de 2012

La fiesta...



Mientras corro desesperada, sintiendo el frío aliento de la muerte sobre mi cuello, intento recordar como he terminado en esta situación, corriendo sin aliento cogida de la mano de un desconocido...
“Venga Leila! Seguro que será divertido!”, le había dicho Berta. Y ella como siempre, se dejó arrastrar por su mejor amiga a aquella extraña fiesta de disfraces.
Por la tarde se dirigieron al centro a alquilar los disfraces que llevarían. Berta se decidió por un disfraz de bruja, una bruja muy sexy todo hay que reconocerlo, a mi amiga siempre le ha gustado llamar la atención, y puestas a ir a una fiesta en que no conoceríamos prácticamente a nadie, lo mejor era ir espectacular, así que yo por una vez, dejé mi discreción a un lado y me decidí por un disfraz de pirata, de mujer pirata obviamente.
La fiesta tenía lugar en la casa que los padres, del primo, del amigo de un amigo del ex novio de Berta, tenían en la zona boscosa que rodeaba la ciudad. Empezaba a las 21:00h, así que Berta me recogió a las 22:00h, ya que una de las reglas no escritas para tener éxito es no llegar nunca de las primeras a una fiesta, no hay que dar la sensación de estar desesperada por ir (aunque sea así).
Cerca de las 23:00h llamamos al timbre de la casa. Escuchamos a través de la puerta cerrada el sonido de la música que se hizo estridente cuando ésta se abrió.  Nos quedamos de piedra al ser recibidas por un imponente hombre lobo. “Ummm! Carne fresca!”, exclamó el anfitrión riendo ante nuestras caras. Reaccionamos algo confusas y nos reímos con él. El disfraz estaba tan conseguido que por unos segundos tanto Berta como yo llegamos a pensar que era un auténtico hombre lobo.
La fiesta estaba en todo su apogeo y nos unimos a ella sin pensarlo demasiado. Nos ofrecieron un ponche con un sabor especial que no supimos descifrar pero que nos encantó y del cuál bebimos unas cuantas veces más.
Todos estábamos abstraídos de la realidad, bailando enardecidos por el ritmo de la música y algo obnubilados por la bebida. Al calor del baile nuestros cuerpos sudorosos nos pedían hidratarnos cada vez más, y en cada ocasión el mágico ponche nos saciaba momentáneamente para en poco tiempo querer volver a por más.
Perdí la noción del tiempo y sin darme cuenta me perdí de Berta, pero no me importó al encontrarme bailando con un impresionante “vampiro”. Nuestros cuerpos se movían al compás de la música y nuestras bocas se saboreaban al tiempo que nuestras manos iniciaban la exploración del cuerpo del otro. Vencidos por el calor, la sed y el deseo fuimos a buscar un poco más de ponche, pero en lugar de volver a la zona de baile nos dirigimos al piso superior buscando un lugar para estar solos y satisfacer el fuego interno que nos estaba abrasando. Lo encontramos en uno de los aseos, pequeño pero lo suficientemente amplio para rodear su cintura con mis piernas mientras él me sujetaba contra la pared, tan veloces como torpes nuestras manos intentando desnudarnos.
“Grrrrrrrrrrrrr!!!!”, y silencio.
Fue ese silencio absoluto lo que hizo que nos detuviéramos y escucháramos con atención. Nada. Completo silencio. Y de pronto... Aullidos y gritos espeluznantes. “Pom, pom!!!” Mi acompañante y yo  nos miramos sobresaltados. Alguien golpeaba la puerta de manera insistentemente violenta. No sabíamos que hacer, solo nos quedamos callados, temblando sin saber bien porqué, pero sabiendo que algo iba mal ya que si bien los gritos iban apagándose con el paso del tiempo, no así los aullidos que aumentaban de registros.
No supimos cuanto tiempo había transcurrido, pero quienquiera que hubiera estado golpeando la puerta ya no se encontraba allí, o al menos eso esperábamos porque decidimos que no podíamos quedarnos por más tiempo ahí encerrados. Con precaución descorrimos el cerrojo y nos aventuramos a salir. La impresión por poco nos hace desmayarnos. Todas las paredes estaban teñidas de rojo. Los muebles destrozados. Las lámparas rotas. Era increíble. Instintivamente nos dimos la mano para transmitirnos valor y fuimos bajando la escalera cuidando de no hacer ruido. Lo que nos encontramos en el salón principal fue aún peor que lo que nos pudimos imaginar. Cuerpos mutilados por todas partes, el suelo bañado en sangre. De pronto nos vimos rodeados por varios hombres lobos y por.... “Berta?”, exclamé. “Leila, amiga, ven con nosotros, verás que divertido...”. Me quedé paralizada por el terror al ver avanzar a mi amiga hacia a mí, vi como alargaba sus manos hacia mí, unas manos que se iban transformando en garras al tiempo que mi amiga transmutaba en una mujer lobo.
En ese instante, mi desconocido amigo cogió mi mano y tiró de mí, obligándome a correr y a aventurarnos en la noche. Corriendo desesperados, huyendo de mi amiga y sus amigos...
Sin aliento, tropiezo un par de veces, sintiendo cada vez más pesadas mis piernas, rendida por el cansancio y el horror. No puedo más, y me dejo caer al suelo, cada inspiración de aire es una tortura para mis pulmones que parecen respirar agujas que se clavan en mi interior. Mi compañero de escapada me grita, pero no le escucho, no puedo más, se va corriendo, perdiéndose en la noche, y cuando veo aparecer entre los árboles a Berta, se que es el final...

©derechos reservados Guthwine (Carmen)


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