lunes, 25 de febrero de 2013

El farol...

Ha nacido en ese pueblo. Conoce sus calles y senderos como nadie. Nunca ha sentido miedo de caminar por sus calles, pero esta noche siente el frío en los huesos. Ha llegado deprisa y sin avisar, acostumbrados en esta época a los inviernos templados, esta ola de frío polar los ha cogido desprevenidos. Y cuando esa tarde empezó a nevar, realmente fue algo mágico, como ser transportada a su niñez, pero ahora, con la tarde casi convertida en noche y la oscuridad cerniéndose sobre ella, intentando caminar sobre la nieve helada no lo disfruta para nada, y tan solo desea llegar a casa.
Uhhh!!! El viento arrecia, estremeciéndose mientras sin querer se detiene al girar la esquina de esa calle y como siempre que pasa por allí no puede evitar levantar la mirada hacia la farola de hierro forjado y hacia esa ventana. Su imaginación siempre dispuesta a proporcionarle una buena historia ha creado a lo largo de los años mil historias sobre ese farol siempre encendido y esa ventana eternamente abierta.
Sonríe, desde siempre ha imaginado historias de terror, de fantasmas… y bueno, sí, historias de amor y de fantasmas atormentados por un amor irrealizable en vida que transciende más allá de la vida, más allá de la muerte…
Suspira contrariada, apresurando el paso, vuelve a nevar de nuevo…  Ohh!!! Resbala cayendo sobre la acera helada, lastimándose el tobillo, mientras la nieve cae cada vez con más fuerza. Busca el móvil, que como siempre se ha quedado sin batería, ha de cambiárselo de verdad piensa, siendo consciente de que ha de buscar refugio o si no ella misma se convertirá en fantasma.
Mira alrededor intentando en vano llamar la atención de algún transeúnte. La calle está desierta. Intenta ponerse de pie y caminar, pero el dolor es insoportable y tan solo consigue apoyarse en la pared, de pronto algo llama su atención, una puerta entreabierta por la que se filtra un hilo de luz. Suspira aliviada y como puede consigue llegar hasta allí, reparando en que es la casa del farol en la ventana. Por una décima de segundo duda, pero su parte práctica le dice que puede que en la casa halla un teléfono que funcione o por lo menos pueda pasar la noche a salvo del frío intenso, total, no es más que una casa vacía, independientemente de lo que su imaginación a veces le marque. Así, que empuja la puerta del viejo caserón y cierra tras ella la puerta, sin pensar en lo extraño que resulta que la puerta esté abierta.
La iluminación de la casa es tenue pero siente un halo de calidez a medida que avanza hacia el interior, es como si la casa le diera la bienvenida y ni tan siquiera se sorprende de encontrar la chimenea del salón encendida, con naturalidad se dirige al enorme sofá de terciopelo rojo situado enfrente de la chimenea y se deja caer en él con un suspiro de alivio. Se desprende de abrigo, guantes, bufanda y gorro, y en un impulso también de los zapatos, se siente tan a gusto… tan en casa… Se recuesta en el sofá, cerrando los ojos y dejando que el calor inunde su cuerpo, y entonces lo siente, siente unas manos que acarician su pelo, el leve roce de un beso en sus labios… abre los ojos con miedo, descubriendo una mirada grisácea que la deja sin aliento, aspira aire con fuerza para gritar, pero entonces recuerda… recuerda quién es el dueño de esa mirada… recuerda quién es Él… recuerda quién es Ella…
Él… A quién nadie aceptó nunca en ese pueblo. Un forastero que vivía su vida como si estuviera a punto de terminar. Temían su manera de mirar, esa mirada que traspasaba hasta el pensamiento desnudándote y mostrándote tal cual eras en realidad. Y su manía de decir las cosas tal como eran… Él… dándoles lecciones, dejando en evidencia la falsedad de sus vidas….
Era inevitable que tarde o temprano se encontraran en ese pueblo tan pequeño, y aún más inevitable que se amaran…. Lo que tal vez no fuera inevitable fue lo que sucedió después…
Le acecharon, le cercaron y en un acuerdo tácito todos le cerraron las puertas, empujándole a marcharse con la promesa de Él que regresaría por Ella, y la promesa de Ella que esperaría por Él.
Y ella esperó y esperó. Año tras año. Aún cuando todos le decían que Él no regresaría, Ella esperó y esperó, y cuando Él por fin regresó no la encontró, un invierno frío como éste de ahora, Ella enfermó y murió…. Y Él se encerró solo en esa casa que debía ser de los dos y esperó y esperó… le creyeron loco y con el tiempo para el mundo desapareció, dejando constancia de su presencia tan solo ese farol encendido, y una leyenda olvidada con el paso del tiempo, hasta esta noche… en que Él susurra “Regresé por ti”…. Y Ella le sonríe feliz de refugiarse por fin entre sus brazos…
Por la mañana, una noticia conmociona al pueblo, una chica ha desaparecido sin dejar rastro…
La noche siguiente, algunos vecinos reparan sin dar importancia en el farol apagado y la ventana cerrada…

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