Mi amigo Harold es un fantasma. Sí, es un fantasma de verdad. Naturalmente que existen los fantasmas, que no los veáis no significan que no existan, tan solo que vosotros no los veis.
No se porque yo puedo verlos, pero es así. Conocí a Harold hace dos años, cuando la empresa donde papá trabajaba cerró, y él y mamá decidieron regresar al pueblo y establecerse en la vieja casa de la familia.
Le conocí la primera noche que pasamos en la casa. Llegamos una tarde a principios de primavera y al poco de anochecer estalló una tormenta horrible. Se fue la luz y mamá decidió que esa primera noche dormiríamos todos juntos en el salón, alumbrados con velas que mamá encontró en un armario de la cocina. La verdad es que fue divertido. Fue como acampar dentro de la casa.
Hacia las tres de la mañana me desperté con ganas de hacer pipí. La tormenta seguía afuera. El sonido de las ramas de los árboles agitadas por el viento era impresionante, y las gotas de lluvia golpeaban persistentes contra las ventanas. He de reconocer que estaba algo asustada, pero las ganas de ir al baño pudieron más. Intenté que mi hermano pequeño me acompañara, no lo conseguí, así que no tuve más remedio que armarme de valor e ir yo sola.
Tomé una vela y caminé descalza sobre la superficie de madera del suelo. Estaba en buenas condiciones a pesar de ser tan vieja, pero eso no impedía que mi paso las tablas crujieran y gimieran. Mis músculos estaban en tensión ya que las llamas de las velas bailaban empujadas por la débil corriente de aire dibujando sombras por todas partes. Al llegar a la puerta del baño la abrí despacio y entré cerrándola tras de mí. Dejé la vela sobre el lavabo con cuidado y… Ostras!!! Me llevé el mayor susto de mi vida. Sentado en la taza del wáter había un fantasma! Sí! Creo que la sorpresa fue lo que me impidió gritar. La sorpresa y el hecho de que antes de que pudiera recuperar el aliento que había perdido por la impresión, el fantasma se había enrollado sobre mi boca y me impedía proferir ningún sonido.
- Por favor, me dijo con voz suplicante- No chilles, no voy a lastimarte.
Yo le miraba atónita. No daba crédito. Y él, él me miraba con una mirada tan triste, que entendí que no me mentía. Con cuidado, rocé con mi mano la parte de su cuerpo que me cubría. Era tan esponjoso, parecía algodón de azúcar. Los dedos parecían engancharse aunque no era así. Y era frío. Pero de un frío agradable, como cuando en verano estás sofocada de calor y de pronto una brisa suave que no sabes de dónde viene, sopla refrescándote.
Poco a poco, se fue desenrollando y se quedó frente a mí. Yo alargué nuevamente mi mano y le toqué de nuevo. Sonreí.
- Hola, soy Carol, ¿quién eres tú?
- Me llamo Harold, dijo, y soy tu fantasma… quiero decir, el fantasma de esta casa- dijo tartamudeando.
Lejos de asustarme, eso selló nuestra amistad. Y le sonreí con timidez. Creo que ambos nos ruborizamos. Los cuentos de fantasmas nunca hablan de que los fantasmas pueden sonrojarse, pero Harold lo hizo, creo que me quiso en cuanto puse los pies en la casa. Creo que le quise desde esa primera noche.
A mediados de octubre decoramos la casa con calabazas, esqueletos, telas de araña… e imágenes de fantasmas, sí. Por las noches Harold y yo jugábamos al escondite. Sí, él siempre me encontraba, pero no es que yo no supiera esconderme, es que él partía con ventaja al poder atravesar las paredes. Faltaba una semana para la noche de Halloween, y mamá estaba dando los últimos retoques a los disfraces que llevaríamos durante el “truco o trato”. Mi hermano iría de Drácula, y yo, yo iría de fantasma claro. Mi madre se sorprendió cuando se lo dije, mi disfraz favorito siempre había sido el de bruja, pero este año… este año quería hacer algo especial. Estábamos muy emocionados. Mi hermano porque iría solo con mamá. Y yo, yo porque sería el primer año que podría ir sola con mis amigos. Bien, de hecho, iría solo con Harold, aunque esa parte solo la sabía yo, ni siquiera se lo había dicho a Harold, era una sorpresa.
La noche previa a Halloween, antes de acostarme esperé a Harold para darle las buenas noches. Y le conté mi plan. Iríamos juntos al “truco o trato”.
Durante todo el día noté la presencia de Harold junto a mí, creo que temía que en el último momento cambiara de opinión y prefiriera ir con mis amigos de la escuela. Todos estábamos nerviosos, mi hermano porque sería la primera vez que iría con mi madre y sus nuevos amigos de la escuela. Yo, porque era la primera vez que mentía a mi madre.
Al llegar las 5, empezamos a prepararnos, yo le había dicho a mi madre que había quedado en casa de Lucy a las 6. Ella vivía dos calles más abajo, así que no era necesario que mamá me acompañara hasta allí, y la madre de Lucy y la mía no se hablaban por un pequeño mal entendido ocurrido semanas atrás, por tanto, era la coartada perfecta para salir de casa y que Harold y yo pudiéramos disfrutar de nuestro primer Halloween. Sobre las seis de la tarde, ya anochecido y con mi disfraz de fantasma (una sábana blanca que me cubría por completo), cogí mi calabaza y salí. Tal y como habíamos acordado, Harold y yo nos encontramos al final de la calle.
Fue el Halloween más maravilloso que he pasado. Estuvimos hasta media noche yendo de casa en casa recogiendo caramelos y gastando bromas con los demás niños. Era tan divertido ir con Harold, intentando asustar a los demás, sabiendo que Harold era un fantasma de verdad… Creo que nunca me he reído tanto con alguien. Creo que para Harold también fue su mejor noche.
Fue de regreso a casa que todo se descubrió. Subía las escaleras hablando y riendo con Harold y no me di cuenta de que mama estaba parada en medio de la escalera:
- ¿Con quién estás hablando Carol y dónde diablos has estado toda la tarde?- me pregunto.
- Con Lucy...- empecé a decir.
Pero mama me dio un bofetón, Era la primera vez que lo hacía y me quedé sorprendida. Me llevé la mano a la mejilla y las lagrimas empezaron a brotar de mis ojos.
- He estado con Lucy y su madre y no sabían nada de ti. ¿Qué has estado haciendo Carol?
Jamás había visto a mama así, estaba como loca, y yo, cada vez más asustada de ver que no se tranquilizaba. Me cogió del brazo con fuerza y tiró de mi escaleras arriba, yo tiraba hacia atrás, asustada y dolorida por el agarrón de mama, Harold lo estaba viendo todo y queriendo protegerme se lanzó sobre mi madre que me soltó sorprendida, yo caí hacia atrás y rodé por las escaleras rompiéndome el cuello.
Fue algo extraño. En una milésima de segundo todo fue oscuridad y de pronto luz. Me vi tirada sobre el suelo al pie de la escalera, vi a mama aterrorizada y mi por primera vez a Harold en todo su esplendor de fantasma. No sé si fui consciente de lo que pasaba, hasta que vi una luz brillante y entendí que estaba muerta. Empecé a flotar hacia ella, era tan tranquilizadora y cálida, pero de pronto escuché la voz de Harold:
- Carol, por favor, no me dejes solo...
Lo miré y no vacilé, fui hacia él, dejando que la luz se desvaneciera…
©derechos reservados Guthwine (Carmen)

No hay comentarios:
Publicar un comentario