martes, 27 de agosto de 2013

Fantasmas...


Desde que llegué toda mi vida se ha visto trastocada de la noche a la mañana.
¿Quién me iba a decir que aceptar el legado de una tía abuela de la que jamás había oído hablar me traería tantos quebraderos de cabeza? 
Ya me pareció que me miraban algo raro cuando los vecinos se convencieron de que pensaba instalarme en el viejo caserón.  . Desde que tomé posesión de mi nuevo hogar hace un mes no han dejado de molestarme y de gastarme bromas. ¡Estoy hasta las narices de todos!
Que si la casa está encantada… que si tiene fantasmas… ¡Tonterías! Estoy cansada de los gamberros de siempre que vienen de noche a alterar la paz de mi hogar, mi sueño y mi descanso.
Mi hogar… ¡Ja! ¡Ja! Y mil veces ¡Ja! Mi intención es venderla en cuanto me salga un comprador. Pero para eso he de terminar de una vez y para siempre con esas creencias de pueblerinas de la casa encantada. He de demostrarles que no existen fantasmas en mi casa, que el viejo caserón es tan solo eso: piedras viejas… “Un lugar vulgar y corriente”, pienso con algo de amargura.
Así que llego a casa sobre las 10 de la noche. Cansada y enfadada una vez más por las miradas de la gente, por sus señas a escondidas… 
He alquilado un equipo especial y al llegar a casa, a pesar del cansancio, voy disponiendo los sensores, las cámaras holográficas, el equipo de sonido… Se van a enterar estos, pienso mientras lo coloco tal y como me han enseñado en la consultoría.
Una vez todo dispuesto decido cenar algo ligero: Una ensalada y un refresco, tampoco tengo tanto apetito, aunque no quiero reconocer que estoy algo nerviosa. Al terminar miro el reloj. Aún falta media hora para las 00:00h, así que decido echar una cabezadita en el sillón del salón de estar.
Dong… dong.. ufff!!!! Me despierto sobresaltada por las campanadas del reloj. Las doce en punto. Me desperezo y me dirijo al lavabo a refrescarme la cara y a despejarme un poco. Al salir escucho voces amortiguadas en la biblioteca… ummm!!! “Ya estamos como siempre”, pienso, “esos críos dichosos, ¿no van a dejarme tranquila nunca?” Decidida y  muy enfadada me dirijo a la puerta de la biblioteca para encararme con ellos, no voy a permitir que me sigan asustando así, pero al abrir la puerta, me llevo el susto de mi vida cuando al entrar me topo con dos formas etéreas suspendidas justo en medio de la biblioteca.
Por un momento me quedo sin respiración, pero después, al recuperar la capacidad pulmonar empiezo a transpirar y he de sentarme en el suelo. 
Intento entender qué está ocurriendo. Mi mente quiere encontrar una explicación razonable a eso que estoy viendo. Pero no…. Son… fantasmas… y… Por favor….suspiro… Creo haberme vuelto loca, pero cuando escucho con atención lo que están diciendo… mi enojo nace de lo más profundo de mi ser.  ¿Será posible? Discuten de si dejan que me quede a vivir con ellos o no.  No se ponen de acuerdo. Al parecer desde mi llegada están intentando decidir si desean convivir conmigo o me echan. Les miro atónita, con la boca medio abierta y a medida que hablan e intentan tomar una decisión  voy recuperándome de la impresión inicial, hasta que me levanto y me enfrento a ellos…..
- Ehh!!!! Que estoy aquí!!! Esta es mi casa… mía… se ríen y me miran… 
- Ummm!!! ¿Deseas quedarte a pesar de saber que nosotros estamos aquí?... 
- ¡¡¡Por supuesto!!!…. ¡Ahora es mi hogar!- me escucho sorprendida, porque realmente lo digo en serio, tal y como lo siento. Es mi hogar… mi casa…. Y sonrío al pensar… Mi hogar… Mi casa encantada… Mis fantasmas… 
Ellos me mira y se miran, sorprendidos... pero complacidos... Nos miramos los tres.... y surge entre nosotros una corriente de empatía... de entendimiento... un acuerdo tácito firmado por la comprensión del sentimiento que nos invade cuando pensamos que ese lugar... a pesar de todo... es nuestro...
©derechos reservados Guthwine (Carmen)

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