viernes, 9 de agosto de 2013

La reina del supermercado...


La ciudad empieza a despertar. Mira por la ventana de la habitación. Una habitación de cualquier pensión del viejo puerto. No tiene gran cosa ese viejo marino que en tierra se siente perdido. No es ni joven ni viejo, pero la soledad y la enfermedad han hecho mella en él.  Nada por qué vivir… nada por qué morir…
Y aún así, hoy es diferente. Mira por la ventana feliz e ilusionado. Espera como cada jueves impaciente a que sean las 9. Apenas quedan unos minutos. Se dirige al pequeño lavabo y se afeita. Se peina con esmero y se termina de vestir. Su mejor camisa, que no es mucho decir, habla de muchos lavados, de desgaste y de tiempos mejores, pero es la mejor que tiene. Coge el carro de la compra y baja tan rápido como el reuma de sus huesos le deja para llegar el primero al supermercado de la esquina.
Entra buscándola.  A ella. A su heroína, musa de sus sueños y ensoñaciones. Por fin la ve. Cansada aún antes de empezar el día, con su uniforme rallado y el pelo recogido en una cola. Prepara el cajón de la caja, lidiando con destreza con el malhumor de los clientes.
Recorre los pasillos tomando de las estanterías lo que necesita: arroz, pasta, tomate, atún… Cuando tiene lo que necesita, feliz se dirige a la caja. Deja pasar a una persona para conseguir que ella le atienda. Por fin es su turno. La observa pasar mecánicamente los códigos de barra con la mirada perdida, pensando en…. Lo que daría por saberlo, por saber qué cosa es responsable de su serio semblante, de esa permanente mirada de tristeza que no la abandona. El corazón del viejo marino se encoge… necesita… una sonrisa…. Una palabra suya, quizás tan solo una mirada para darle sentido a este día que empieza y que para él sin ella es gris, monótono, solitario… El ánimo del viejo marino decae mientras la sigue observando. Su semblante es ahora como el de ella: triste. Baja la mirada. Le duele ver su tristeza y no atreverse a decirle nada. Cobarde como siempre. Y aún así… daría su vida por ella…. Si tan solo pudiera decírselo a ella… 
- 27,30€- la escucha decir….
Él le entrega 30€... vuelve a mirarla ansioso y entonces ella lo mira…
- ¿Tendría los 0,30€?
- Sí claro- dice él- y cuando se los entrega sus miradas por un momento se cruzan y ella sonríe agradecida. Él le devuelve la sonrisa y por unos segundos se siente el más afortunado de los mortales.
- Gracias señor, aquí tiene el cambio- y vuelve a sonreírle, con esa sonrisa triste y melancólica pero que ilumina sus ojos y la vida del viejo marino.
Sale del supermercado aún sonriendo. Despacio ahora, se dirige con el carrito a la habitación que tiene alquilada. Sube penosamente los escalones. Al llegar arriba respira con dificultad, pero no le importa. Entra y se dirige a la ventana. La abre y mira hacia el mar. Sonríe recordando su sonrisa… su voz… feliz por este día… feliz hasta el próximo jueves en que se reencuentre con su heroína particular… 
©derechos reservados Guthwine (Carmen)

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