Envuelta en la bruma de la noche avanzo por el puente siguiendo ese gemido lastimero que me atrae a mi pesar.
Doy un traspié que está apunto de hacerme caer pero mantengo el equilibrio y sigo avanzando hacia ese quejido.... ese lamento.... que me conmueve como hacía tiempo que no hacía nada.
Poco a poco la niebla va tapando la luna y la noche me envuelve en su manto de oscuridad. Siento miedo al escuchar ese sonido más cerca, pero sigo avanzando, ese impulso de fatalismo que se ha instalado en mí y no me abandona me empuja a ello, como buscando una salida a ese desasosiego que me oprime el pecho y me impide respirar en esa casa que me mantiene prisionera.
De pronto el silencio invade la oscuridad. Y la ausencia de ese lamento que por un instante se había convertido en mi razón de ser me acongoja de tal manera que caigo de rodillas sobre el puente de piedra y no puedo evitar echarme a llorar. El viento empieza a soplar inmisericorde cortándome el aliento. He de levantarme pienso, he de ponerme en pie y salir de aquí. Con un grito gutural lo consigo. Me incorporo y hago un amago para dar la vuelta y volver sobre mis pasos, pero algo me detiene, algo en mi interior se rebela y giro, avanzando decidida hacia el lugar al que me guiaba ese plañido lastimero y casi inhumano.
No se cuanto tiempo ha transcurrido, pero de improviso el puente termina de manera abrupta. Se que he de seguir, ¿pero cómo? Mientras me hago esa pregunta la respuesta surge sola en mi mente. He de saltar.
El miedo me invade ahora. No puedo! Es imposible! Me doy la vuelta para regresar y entonces vuelvo a escuchar ese lamento desgarrador. Intento marcharme a pesar de él pero me estalla en la cabeza a medida que me alejo, es tal el dolor que me detengo sujetándome la cabeza con las manos. Me detengo entonces. Y retrocedo hacia el final del puente mitigándose mi dolor y ese lamento.
No lo entiendo. ¿O sí? ¿Será posible? Una idea se abre paso en mi mente, ¿puede ser que ese lamento desgarrador proceda de mí?
Sí. Es eso. Y cuando asumo esa certeza dejo de temer. Me acerco al borde del puente, miro al abismo oscuro y profundo que se abre ante mí y salto... Y todo desaparece: dolor, hastío, congoja, desesperación... al aceptar que soy parte de ese abismo... y mi cuerpo se vuelve etéreo, liviano... fusionada con la bruma nocturna siento que existe un nuevo comienzo para mí...
©derechos reservados Guthwine (Carmen)

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