viernes, 25 de mayo de 2012
"Luciérnagas"
El descenso al abismo es tan paulatino que apenas toma conciencia del tiempo que lleva cayendo y en su desesperación todo es oscuridad…
Siempre brilló con luz propia. Incluso a la luz del día era incapaz escapar a su embrujo. Hasta que el destello inesperado del astro rey la deslumbró. Tan majestuoso e inequívoco su fulgor que Iluminaba todo los rincones de su pequeño universo. Tan intenso era, que olvidó que tenía su propio resplandor.
Y cuando el día dió paso a la noche, se encontró inmersa en la más completa oscuridad.
Y en su caída grita pidiendo ayuda en un grito silencioso que retumba en su cabeza como el eco al propagarse entre las cimas de las montañas.
Desea aferrarse a cualquier cosa que frene su caída y en su desesperación cree encontrar una luz a la cuál cobijarse pero no es más que un espejismo que se desvanece al intentar alcanzarlo con sus dedos. Se desespera al fin, dejándose arrastrar de nuevo al abismo, sumergiéndose en la oscuridad y en el olvido.
Y casi al final, cuando todo recuerdo empieza a desvanecerse, una voz se abre paso dolorosamente en su mente, ya sin fuerzas, es incapaz de luchar contra ella, y esa voz insistente poco a poco abre brecha en su invisible muro, y el débil resplandor de una luz se abre paso en interior. Es tan tenue como la llama de una vela, y tan dolorosa que le cuesta respirar, pero incomprensiblemente ese dolor que siente le da un atisbo de esperanza al que se aferra como un náufrago a su tabla, dejando de caer y ascendiendo lentamente, y en cada metro ganado al abismo su luz se intensifica, y poco a poco recuerda que siempre brilló con luz propia…
©derechos reservados Guthwine (Carmen)
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