lunes, 10 de febrero de 2014

Toco tu boca...

Llego con el pelo revuelto y el  rostro encendido, pero puntual. Odio llegar tarde. Las luces del teatro apagadas, avanzar con pasos indecisos por la platea buscando la fila, el apuro de hacer levantar a unos desconocidos que en el mejor de los casos te miran con condescendencia…
Las luces se apagan. El escenario se ilumina dando paso a los músicos que empiezan a situarse sobre el escenario. Cierro los ojos hasta que el silencio se hace. 
Es el momento. Fijo la mirada en esas manos de dedos gruesos y uñas mordidas. Esas manos que rozan con el mismo ardor el marfil blanco y negro del piano que mi rostro y mi boca mientras recita embelesado el capítulo 7 de Rayuela: “Toco tu boca…”. Observo sus ojos cerrados, concentrado en arrancar de su instrumento la melodía más hermosa, con la misma pasión que pone en arrancarme un suspiro, como ahora, cuando me mira al finalizar la pieza.

©derechos reservados Guthwine (Carmen)



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