Pero no, es tan solo la falta de costumbre de correr. Ha de hacer más ejercicio piensa de manera irracional, arrepentido de incumplir año tras año uno de sus propósitos de año nuevo.
Su carrera loca empezó horas antes, al salir de la oficina como cualquier otro día. Nunca se metió en problemas, es un buen ciudadano que diría la autoridad competente. Acepta la autoridad establecida sin protestar. Siempre ha sido así.
Durante su infancia y adolescencia la autoridad eran sus padres y sus rígidos maestros. Sólo hubo un pequeño atisbo de rebeldía el primer año de universidad, pero pronto fue reconducida por sus progenitores que sabían mejor que él que lo suyo no era la rebeldía, y que sólo las “malas compañías” le arrastraban al lado oscuro. Y sin saber cómo, se vio terminando la carrera en una escuela privada con Mariela, la hija del mejor amigo de su padre como novia formal. Niña bien, resultó ser una esposa y madre excelente, al más puro estilo conservador, muy lejos de la chiquilla inconformista que conoció el primer año de universidad y con quién aún soñaba a veces.
En cualquier caso, tenían la relación social adecuada y un trabajo cómodo y sin sobresaltos. Era en definitiva, un hombre fiable, conformado con la vida que le había tocado vivir, con las normas establecidas por una clase que le protegía porque formaba parte de ella. No se quejaba, había tenido una buena vida, eso pensaba él al menos hasta esta tarde a la salida del trabajo en que sin quererlo fue testigo de la carga policial contra una de las manifestaciones que desde hacía unos meses proliferaban por la ciudad. Ésta fue frente a la sede central del partido en el poder.
Algo en él crujió como un engranaje que oxidado por el paso del tiempo quiere volver a ponerse en marcha. Cuando vio como uno de los policías golpeaba a aquella chica, fue como verla a ella en el suelo con la cabeza ensangrentada. No pudo evitar reaccionar lanzándose contra el anti- disturbio y derribarlo. Él quiso ayudar a la joven a incorporarse pero de pronto se vio rodeado por más anti- disturbios que levantaron sus porras para golpearlo. Creyó que estaba muerto, pero a su alrededor hubo un movimiento general del resto de manifestantes que rodearon a los policías instándoles a marcharse. Por un segundo pareció que sería así, pero entonces todo fue tan veloz y confuso.
Llegaron tres camiones más de anti- disturbios y hubo una desbandada general de todos, incluyendo él mismo, ayudó a la joven a levantarse y ambos salieron corriendo. Huyó desesperado, pensando en qué podía suceder si le cogían, y corrió hasta que ya no pudo más por las calles ahora vacías. El dolor en su pecho al inspirar profundamente buscando que cada alveolo de sus pulmones se llenara de aire, tratando de recuperar el aliento, recordando… recobrando la sensación de estar vivo y despierto como nunca, y prometiéndose a sí mismo no volver a perder la conciencia…
©derechos reservados Guthwine (Carmen)

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