Parecía una broma del destino. Encerrada entre esas cuatro paredes intentaba recordar cómo había ido a parar a ese lugar, pero no podía.
En su mente todo era vacío. No recordaba absolutamente nada. Ni quién era, ni cuál era su nombre, ni mucho menos qué hacía en ese cubículo lúgubre y gélido. Porque el frío y la humedad sí lo sentía, y calaba en sus huesos haciéndola tiritar.
Cuando despertó en ese lugar estaba tendida en el suelo, intentó moverse en un primer momento, sintiendo su cuerpo entumecido y dolorido. Después vino intentar entender qué hacía ahí.
El pánico se apoderó de ella al no poder responderse nada coherente. Y quedó completamente paralizada por el miedo. ¿Cuánto tiempo pasó antes de reaccionar de nuevo? Imposible determinarlo. ¿Unos segundos? ¿Unos minutos? ¿Unas horas? No sabía. Sólo que algo en su mente se encendió y volvió a intentar moverse. Se movió despacio en este intento.
Primero los brazos, despacio, empezó por sus dedos, continuó con una leve rotación de sus muñecas, y poco a poco notó como sus articulaciones respondían y pudo incorporarse. Sentía la espalda dolorida mientras la doblaba despacio, buscando frotar con sus manos las piernas que sentía helada para darles calor. Frotaba mano contra mano. Brazos. Piernas, haciendo que la sangre volviera a circular normalmente por su cuerpo.
Pasados unos minutos logró ponerse de pie.
El dolor era casi insoportable, pero se obligó a caminar, con cautela el primer paso, con más brío después, hasta que lentamente empezó a sentir que dominaba su cuerpo nuevamente y el dolor remitía.
Miró a su alrededor buscando algo que le diera una respuesta, pero nada le daba una pista.
Era una habitación vacía, vacía de todo, incluso de puertas y ventanas. Solo ella estaba ahí dentro. No podía entenderlo. Por algún sitio debía haber entrado. Se llevó las manos a la cabeza, presionándose las sienes con los dedos, masajeándolas para aliviar el dolor de cabeza que ahora se intensificaba. Escuchó un leve ruido, como el deslizarse de un engranaje, y por un momento esperó, no sabía el qué, pero pasados unos segundos se dio cuenta que la habitación se hacía cada vez más pequeña.
No podía ser, pensaba. No entendía. Pero era un hecho, acompañando al sonido deslizante las paredes de la habitación avanzaban hacia ella, contrayéndose. Intentó empujar una pared, luego otra, pero era inútil, se venían hacia ella….
-“Ring…”… Ups!!! Despertó de golpe, intentando entender dónde se encontraba. Sentía su cuerpo entumecido, dolorido y cuando intentó moverse la cabeza empezó a darle vueltas, y sintió un pánico tan intenso que la paralizó, al darse cuenta que no recordaba quién era y que se encontraba en una habitación vacía de todo….
©derechos reservados Guthwine (Carmen)

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