sábado, 15 de diciembre de 2012

Nochebuena...

Sale a las seis del trabajo. Empieza a anochecer y a su paso las farolas empiezan a encenderse. Camina con cuidado, la nieve que ha caído todo el día cubre con su blanco manto calles y aceras, y con la huida del sol ante el avance de la luna empieza a helar y a ser resbaladizo.
Debería dirigirse sin entretenerse a casa. Es Nochebuena y ha de ayudar a preparar la cena. Bien, de la cena se ocupan sus tías y su madre, más bien de adornar la mesa con las mejores galas: el mantel de hilo blanco ribeteado con estampados navideños bordados a mano, la vajilla de fino cristal heredado de la abuela paterna, la cubertería buena de acero inoxidable  impecable, el centro de mesa... Sonríe cansada y algo triste.
Cansada de ser fuerte, de sonreír aparentando un conformismo y una aceptación que está lejos de sentir. Cansada de no poder mostrar lo que siente. De no poder dejar que se note la desesperación de esa soledad que sigue pesando en su alma un año más.
No es que las Navidades la pongan triste. Siempre le han gustado, le gustan de hecho, le gusta este tiempo que la mayoría de la gente pone de excusa para sonreír y estar de buen humor, fingiendo que se es mejor persona de lo que en realidad se es.
No, no es que ya no le gusten, es que hoy es su cumpleaños y es el primer año desde que le conoció en que no le va a felicitar ni su cumpleaños ni la Nochebuena ni la Navidad. Sí, hoy es el primer año en que contra todo lo que es y siente no le felicitará. No porque le odie o le culpe de nada, no porque no lo desee o lo sienta así, sino porque a su pesar cumplirá la promesa que le hizo a él, que se hizo a ella misma.
Y es por eso, por esta tristeza que le pesa en el alma, por esa nostalgia que no se va, es por todo eso por lo que esta tarde del día de Nochebuena que camina aterida de frío por las calles llenas de luces y de vida efervescentes, distraída en las idas y venidas de las gentes que se dirigen como ella a sus casas para reunirse con sus seres queridos y decirse que se quieren al menos por una noche.
Se detiene y suspira, y su mirada se cruza con la de un extraño que la mira acongojado. ¿Es posible que su mirada deje traslucir su tristeza? Se envuelve en su abrigo, sintiendo como un escalofrío que recorre su espalda. Sí, la tristeza ha caído de nuevo sobre ella como una losa, intenta pensar en esa pequeña llama que desea prender dentro de ella, una ilusión tal vez, ¿ una ilusión vana o tal vez el inicio de un sueño compartido? Suspira… Necesita tanto sentir en su alma la calidez de otra alma que se deja llevar por su puñetera manía de soñar despierta.... Se ríe divertida ahora, ella es así, no puede ser de otra manera, no sería ella…
Ring, ring…. El sonido del móvil la devuelve a la realidad, le recuerda que es Nochebuena y que en casa espera la familia para festejar. Y mientras acelera el paso hacia casa piensa sin pretenderlo en el deseo de cumpleaños de Ted en la última temporada de “Queer as folk”, haciéndolo suyo esta Nochebuena…
“Este año voy a desear otra cosa, la sabiduría y la madurez para darme cuenta de que no encontraré lo que busco esperándolo, y no esperar que alguien me de lo que yo no me doy a mí mismo. Que no soy una mitad esperando estar entero, y que si esa persona especial nunca aparece, estaré bien”….

©derechos reservados Guthwine (Carmen)


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